CEO Nueve Producciones / ShowCase Music
En los últimos meses se ha generado una fuerte polémica en Cali alrededor de los conciertos y eventos masivos promovidos o facilitados por la administración del alcalde Alejandro Eder.
Algunas voces —incluyendo personas del común, ediles y entidades de control— han calificado ciertas decisiones como un posible detrimento para la ciudad. Otros incluso han usado términos más fuertes, hablando de “traición”, especialmente por situaciones como el préstamo del estadio para los conciertos de Shakira o por permitir la venta de licor de otras regiones en eventos como el de J Balvin.
Entre los principales puntos de discusión están:
Son cuestionamientos válidos dentro del debate público. Sin embargo, también vale la pena mirar el panorama completo.
Muchos de quienes hoy critican estos eventos probablemente asistieron a los conciertos. Algunos con entradas pagas, otros quizá con cortesías o invitaciones. Disfrutaron los espectáculos, vivieron la experiencia… y luego, en redes sociales, expresaron su inconformidad.
Esto plantea una pregunta incómoda:
¿Estamos criticando por convicción o por costumbre?
Nos quejamos de todo:
Y mientras tanto, ese ruido constante construye una narrativa negativa que trasciende la ciudad.
Otras ciudades aprovechan ese ambiente para posicionarse mejor, mientras nosotros mismos debilitamos nuestra imagen.
Durante años, Cali dejó de ser una parada clave para grandes artistas internacionales. Hoy, gracias a estos eventos, la ciudad vuelve a aparecer en el radar.
Esto no es menor.
Los conciertos generan:
Además, envían un mensaje claro: Cali es una ciudad capaz de recibir grandes espectáculos.
Las decisiones del alcalde Alejandro Eder y su equipo pueden ser debatidas, claro está. Pero también pueden leerse como una apuesta por reactivar la ciudad, atraer inversión y recuperar relevancia cultural.
Para lograrlo, es necesario ofrecer condiciones atractivas a empresarios y artistas. De lo contrario, simplemente elegirán otras ciudades.
Cali no la levanta una sola persona ni una administración: la levantamos todos.
Cada comentario, cada publicación y cada conversación suma o resta. Si seguimos alimentando una narrativa negativa, eso será lo que el país y el mundo perciban.
No se trata de dejar de criticar, sino de hacerlo con responsabilidad y equilibrio.
Porque mientras más construyamos una visión positiva —sin dejar de exigir— más oportunidades tendremos de crecer como ciudad.

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